Descripción

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sábado, abril 07, 2018

El sol y el acero - Yukio Mishima (Edicion digital mejorada PDF)



Acabado en 1967, "El sol y el acero" es un texto en el que encontramos la expresión de muchas de las contradictorias y sutiles líneas de fuerza que configuran el complejo y singular pensamiento del escritor Yukio Mishima o cuando menos del personaje que quiso llegar a ser. El culto del cuerpo como trasunto y complemento del culto del espíritu, la dolorosa contradicción entre palabra y acción, la delgada, casi imperceptible frontera entre vida y muerte (realidades opuestas pero que a la vez se funden y complementan), son sólo algunos de los motivos que articulan este texto tan fulgurante como controvertido.

Este es un libro extraño, desasosegante, iluminador y provocativo. Como el propio autor manifiesta en la primera página, se trata de una "crítica confidencial", una reflexión sobre el propio yo y su relación con el mundo y con la escritura. La vida del escritor explica y es explicada por esta obrita, que resume, a través de tres conceptos contrapuestos (la palabra, el sol, el acero) la evolución personal y hasta estilística del autor.

El texto comienza con una idea sugerente: el lenguaje como producto corrosivo de la realidad. No se trata solo de que el lenguaje sea incapaz de explicar la realidad, sino que el lenguaje imposibilita el acceso a la realidad, la oculta, la deforma, la corroe. Mishima propone, en cambio, el acceso al cuerpo ("el espacio que ocupa el yo") como forma de auténtico conocimiento. El siguiente descubrimiento del autor es el sol; y aquí entra ya el elemento biográfico: el padre de Yukio Mishima no le permitía salir al sol durante su infancia, de manera que, efectivamente, el descubrimiento de la luz y el calor solar debió resultar revolucionario para el escritor.

Pero sin duda la metáfora fundamental del texto es la que equipara el descubrimiento del acero, con el nacimiento del músculo, el redescubrimiento del cuerpo desprovisto de palabras. Efectivamente, después de la Segunda Guerra Mundial, en un Japón derrotado y desorientado, Mishima diseñó un proyecto a contracorriente: "revivir el viejo ideal japonés de combinar las letras y las artes marciales, el arte y la acción". Para ello inició un régimen de ejercicio físico constante; se alistó brevemente en el ejército, y fundó la Sociedad del Escudo, una especie de guerrilla destinada a proteger al Emperador y a despertar los antiguos ideales y valores de los samurais. En algunos pasajes de El sol y el acero (los que hablan de la actitud a adoptar ante la muerte, o del deseo de una muerte heroica) se intuye casi el final que Mishima eligió para sí mismo: el golpe de estado fracasado (según algunos, realizado para fracasar), y el posterior suicidio ritual por seppuku o harakiri

El sol y el acero es como decía al principio un libro iluminador, pero también desasosegante: ayuda a comprender mejor el complejo mundo interior de Mishima, pero también hace que nos sintamos alejados de él, de su exaltación fascistoide de la fuerza física, de la comunión grupal en su sentido más militar. En cualquier caso, sin duda es Mishima una de las figuras fundamentales y más atractivas de la literatura japonesa; y sin duda, también, su personalidad ocultaba muchas más contradicciones de las que deja ver en este ensayo.


El libro lo encontré en este blog, pero muy mal escaneado y en un par de páginas la lectura llega dificultarse, pero traté de arreglarlo lo mejor que se pudo, la reseña es tomada de la pagina“Un libro al día. 

 




- Los músculos que se han vuelto virtualmente superfluos en la vida moderna, aunque sigan siendo vitales para el cuerpo humano, son obviamente inútiles desde el punto de vista práctico, y una musculatura conspicua es tan innecesaria como lo es una educación clásica para la mayoría de los hombres prácticos. Los músculos se han ido convirtiendo en algo similar al griego clásico. Para resucitar un idioma muerto se requería la disciplina del acero; para transformar el silencio de la muerte en la elocuencia de la vida, la ayuda del acero era esencial.

- El acero me enseñó con exactitud la correspondencia entre el espíritu y el cuerpo: así, las emociones endebles se me antojaban músculos flácidos, el sentimentalismo, un estómago fofo, y la impresionabilidad excesiva, una piel blanca y en exceso sensible. Unos músculos fuertes, un vientre plano y una piel dura, razonaba yo, corresponden respectivamente a un intrépido espíritu de lucha, una disposición intelectual desapasionada y un temperamento robusto. 

- Por mucho que el filósofo, en la soledad de su cuarto, medite sobre la idea de la muerte, seguirá siendo incapaz, mientras esté disociado del coraje físico que constituye el requisito previo para la conciencia, de empezar siguiera a comprenderla. Debo dejar claro que estoy hablando de coraje “físico”; aquí no entro para nada en la “conciencia del intelectual” o en el “coraje intelectual”

- No hay momento más deslumbrante que aquel en que nuestras fantasías acerca de la muerte y el peligro y la destrucción del mundo se transforman en deber.
 


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