Descripción

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jueves, julio 19, 2018

Thomas Molnar - La Contrarrevolución



Thomas Molnar, (1921–2010) filósofo de la contrarrevolución, historiador y católico tradicionalista. Su nombre no figura entre los grandes “politólogos” de la modernidad. Pero en el siglo XX, constituye uno de los mejores analistas del pensamiento Contrarrevolucionario, es decir, aquellos sectores que rechazan la filosofía “de las luces”, y que se reconocen en los regímenes previos a la Revolución Francesa.

El texto de Molnar pone en primer plano el denostado pensamiento contrarrevolucionario, examina las razones del abandono en que se encuentran los autores contrarrevolucionarios y las razones de su repetido fracaso en influir decisivamente en los aspectos políticos, sociales y culturales. eventos de nuestro tiempo.

Es además un análisis sobre el proceso que siguen todas las revoluciones desde su gestación hasta su aparente victoria. Luego, el autor define cuál es la reacción de los revolucionarios e identifica las razones por las que estos actúan en inferioridad de condiciones (los revolucionarios apelan a las masas y buscan el apoyo del número, mientras que los contrarrevolucionarios se sienten seguros de sus razones y no experimentan la necesidad de refugiarse en las masas). En capítulos siguientes, el autor resumirá los puntos esenciales por los que discurre el pensamiento contra-revolucionario y, finalmente, mostrará la evolución de sus políticas hasta principios de los años 70.

Edición digital mejorada con OCR y menor peso.

sábado, julio 14, 2018

La Revolución Francesa - Pierre Gaxotte



Pocos libros permitirán a su lector comprender las causas de la decadencia del mundo en que vivimos como La Revolución francesa, de Pierre Gaxotte. 


La Revolución francesa de Pierre Gaxotte es un clásico del pensamiento contrarrevolucionario y reaccionario. Fue de las primeras visiones críticas con la Revolución, que la propia Tercera República había elevado a mito fundador de la Francia moderna. Se publicó por primera vez en 1928 y desde entonces no ha dejado de reeditarse. Su autor fue secretario de Charles Maurras, fundador del movimiento político y cultural Acción Francesa, miembro de la Academia Francesa y columnista de Le Figaro durante varias décadas hasta su muerte en 1982. Gaxotte fue capaz de compendiar en este libro la caída del Antiguo Régimen y la irrupción de la Revolución.

El texto de Gaxotte fue acogido con polémica, como no podía ser menos, pero también resultó un gran éxito. En realidad, servía para comprender todo lo que la realidad francesa debía, en la práctica, al rechazo de aquel mito. Gaxotte se había encargado de ponerlo en su sitio, y aunque su análisis, considerado herético, nunca fue aceptado por la ortodoxia republicana, se incorporó pronto a las tradiciones históricas y al pensamiento político francés. De alguna manera, la Francia eterna volvía a aparecer en estas páginas, escritas con la voluntad de estilo de un historiador clásico.

En vísperas de 1789, todas las instituciones estaban sin pulso: el clero, la alta nobleza, el ejército… El propio rey se inclina ante los filósofos y duda de su razón para existir. Gaxotte no duda de la participación de los masones ni de potencias extranjeras en los tumultos (Inglaterra y Prusia daban dinero a los jacobinos y a personajes como Danton), pero el principal motivo del derrumbamiento de la Monarquía son la inanidad y la vacilación de los buenos, de los burgueses de provincias, de los campesinos, de los oficiales, de monseñores, que sonríen ante una calumnia contra la reina, participan en discusiones sobre la existencia de Dios o disculpan los excesos de los rebeldes.

Mediante unos golpes de mano limitados en el espacio a varios edificios de París (la Asamblea, los tribunales, los cuarteles de la milicia, el Ayuntamiento), diversos grupos se suceden en el poder y aceleran la revolución: los girondinos, el Comité de Salud Pública, la Convención y el Directorio. Cada uno devora al anterior. Para dominar emplean el terrorismo, el hambre, la sospecha y la inflación. No faltan incluso los planes para hacerse con el alma infantil y modificar las costumbres: se elimina el domingo, se hace obligatoria la escarapela, se derriban iglesias, se elabora un catecismo ciudadano… ¡La Educación para la Ciudadanía y la corrección política a finales del siglo XVIII!

 Gaxotte describe uno tras otro episodios sobre asesinatos en masa, ejecuciones (en Rennes, traíllas de perros rodeaban la guillotina para lamer la sangre), saqueos, deportaciones (en un solo año, los revolucionarios deportaron a casi diez mil sacerdotes a Cayena)… “Lyon hizo la guerra a la Libertad; Lyon ha dejado de existir”, escribe el mando militar enviado a aplastar una resistencia al poder despótico. Se mata al azar, para robar o esparcir el miedo, con métodos que recuerdan a los de los comunistas en Rusia y España. Para salvarse, la casta revolucionaria declara la guerra a toda Europa en 1792. Y la guerra. La paz, subraya el autor, no regresaría hasta veintitrés años más tarde, después de Waterloo, en 1815. Sólo un aparato de propaganda descomunal, junto con el complejo de las llamadas derechas, ha podido ocultar estos horrores.

 Pese a semejante orgía de destrucción (Francia dejó de ser el país más poblado de Europa y le superó Alemania), los admiradores de la Revolución y de sus frutos se empeñan en mostrarnos papelotes como la Declaración de Derechos del Hombre o la Constitución como faros de luz, aunque tengan que colocarlos encima de una montaña de muertos.

 La Revolución concluye en 1799, con el golpe de Bonaparte. El general convertido en emperador envolverá en un manto de armiño las ideas revolucionarias y sus soldados las esparcirán por toda Europa. ¡Qué paradoja! “Los doctrinarios de 1789 habían querido regenerar la Humanidad y reconstruir el mundo. Para escapar de los Borbones, los doctrinarios de 1799 se veían constreñidos a rendirse a una espada.” La lucha por la libertad había aumentado el despotismo.


La obra de Gaxotte es, sin exagerar, imprescindible para comprender los inicios del derrumbe de la civilización occidental.

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